Respirar el aire de una ciudad promedio en España equivale a fumar dos cigarrillos y medio al día de forma involuntaria. La analogía la realiza Xavier Querol, profesor de Investigación del CSIC en el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA) del CSIC, y refleja una realidad incómoda: el vínculo entre contaminación y salud pública.
En las últimas décadas, las políticas públicas [la última es la Directiva (UE) 2024/2881 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 23 de octubre de 2024, sobre la calidad del aire ambiente y una atmósfera más limpia en Europa] han logrado una reducción significativa de la contaminación atmosférica. Según puntualiza Querol, entre la década de los 90 y la actualidad, se ha reducido en un 80% la mortalidad asociada a las partículas en suspensión. Sin embargo, la mayor parte de la población continúa respirando niveles de contaminación superiores a los límites que se consideran seguros.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que alrededor de 7 millones de personas mueren cada año -lo que equivale a 1 de cada 8 muertes a nivel global- como consecuencia de la mala calidad del aire. Las partículas en suspensión son responsables de hasta el 40-50% de las muertes por enfermedades cardiovasculares. “En torno a un 30% de las muertes por enfermedades respiratorias se atribuyen a la contaminación”, continúa Querol. Aproximadamente el 15% de las muertes por accidentes cerebrovasculares (ictus, embolias y derrames cerebrales) a nivel mundial son causadas directamente por la exposición a la contaminación del aire. La contaminación también se relaciona con el cáncer, problemas reproductivos o las alergias. Todas estas evidencias están recogidas en el informe Guías de calidad del aire, publicado por la OMS en 2021.
¿Qué vínculo tienen la contaminación y las pandemias?
Niveles más elevados de contaminación atmosférica no necesariamente llevan a un mayor riesgo de infección. Sin embargo, la contaminación no afecta a todo el mundo de la misma manera. Así, la exposición a la polución sí podría contribuir favoreciendo condiciones crónicas, como las cardiovasculares o las respiratorias, lo que aumenta el riesgo de enfermar gravemente ante los virus que desatan las pandemias.
“En sitios muy contaminados, los pulmones están más degradados”, explica Querol. Por tanto, cuando se infectaban, partían de condiciones perores, lo que aumentaba las posibilidades de muerte.
De hecho, hay estudios que sugieren que las regiones con peor calidad del aire crónica registraron tasas de hospitalización y letalidad notablemente más altas durante la crisis sanitaria desatada a raíz del COVID-19, lo que pone en evidencia el impacto de los factores ambientales sobre las enfermedades infecciosas y la necesidad de reducir la contaminación como medida de salud pública para la prevención de futuras pandemias.
La calidad del aire interior puede ser peor que la del exterior
Muchas veces pensamos que al cerrar la puerta de casa estamos a salvo, y no siempre es así. “El aire interior puede concentrar contaminantes sin que nos demos cuenta, sobre todo si hay poca ventilación o si se utilizan determinados sistemas de calefacción o se cocina sin una buena extracción. En esos casos, la exposición puede ser igual o incluso mayor que en la calle”, explica a INFOVERITAS Adrián Alonso, investigador y responsable de Incidencia Política en Salud por Derecho.
Además, es un ámbito mucho menos regulado. “Mientras que la calidad del aire exterior está sujeta a normas y mediciones constantes, lo que ocurre dentro de casa depende casi por completo de las condiciones de la vivienda. Esta exposición es especialmente relevante en hogares vulnerables, donde se combinan peor ventilación y menos recursos para mejorarla”, puntualiza este experto.
¿Existe un vínculo entre calidad del aire y deterioro cognitivo?
Sí. La exposición prolongada a contaminantes no solo afecta a los pulmones o al corazón, también al cerebro. “En la infancia se ha relacionado con un peor desarrollo cognitivo, con efectos en la memoria, la atención o el rendimiento escolar. En adultos, se asocia con deterioro cognitivo y con un mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas”, apunta Adrián Alonso.
De hecho, según señala el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) en este artículo, la contaminación atmosférica es uno de los factores de riesgo de demencia mejor comprobados. “Hoy es responsable de más de 500.000 casos de demencia en la UE”, se destaca en el texto.
La contaminación también se relaciona con los partos prematuros
Las últimas investigaciones, como la publicada en 2021 en Plus Medicine, Contaminación ambiental y doméstica por PM2,5 y resultados perinatales adversos: análisis de regresión metaanalítica y evaluación de la carga global atribuible para 204 países y territorios, relacionan las partículas contaminantes con alteraciones en el desarrollo fetal a través de varios mecanismos. “Debido a su pequeño tamaño, son capaces de entrar al sistema circulatorio a través de los pulmones. Una vez allí, pueden alterar, entre otros elementos, la función de la placenta y el cordón umbilical, lo que induce un déficit de oxígeno al embrión/feto que conlleva un retraso en su desarrollo y partos prematuros”, explican en la investigación.
Una conclusión parecida se alcanza desde los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de Estados Unidos. En este caso, los investigadores analizaron la exposición al dióxido de azufre, ozono, óxidos de nitrógeno, dióxido de nitrógeno, monóxido de carbono y partículas. Los riesgos más altos fueron al aumentar la exposición al monóxido de carbono (51 %) y dióxido de nitrógeno (45 %), comúnmente proveniente de emisiones de vehículos automotores y plantas de energía; ozono (48 %), un contaminante secundario creado por productos de combustión y luz solar; y dióxido de azufre (41 %), principalmente por la quema de combustibles fósiles que contienen azufre, como el carbón o el diésel.
¿Todas las personas estamos expuestas por igual a la contaminación?
La contaminación no se reparte al azar, sigue muy de cerca las desigualdades sociales. Las personas con menos recursos, quienes viven cerca de grandes vías de tráfico o zonas industriales, y perfiles como la infancia, las personas mayores o quienes ya tienen enfermedades previas, están más expuestos y son más vulnerables.
“También influye mucho el tipo de trabajo o de vivienda. Quien pasa más tiempo en la calle o vive en casas con peor ventilación tiene menos margen para evitar esa exposición”, explica Adrián Alonso, investigador y responsable de Incidencia Política en Salud por Derecho.
Transporte público, rediseñar el espacio urbano y mejoras en los edificios
El origen de la contaminación es multifactorial, al igual que sus soluciones. Así, las propuestas para reducir la polución del experto Xavier Querol pasan por crear una buena red de transporte público, eliminar los coches privados del centro y coordinar el acceso de las furgonetas de reparto.
Aunque no todo afecta a la movilidad: también son necesarios mejores sistemas de calefacción o incentivar el teletrabajo. También es importante rediseñar el espacio urbano, con zonas de bajas emisiones, más zonas verdes o iniciativas como las supermanzanas y las calles escolares. “A esto se suma la mejora de los edificios, tanto en eficiencia energética como en ventilación, que es fundamental para la calidad del aire interior. Y hay otro elemento importante que a veces se pasa por alto. Estas medidas tienen que aplicarse con un enfoque social claro, para evitar que los beneficios se concentren en unos barrios mientras otros quedan atrás o incluso empeoran su situación”, concluye Adrián Alonso.
“En las ciudades donde se han aplicado medidas de mejora del aire ya se han observado descensos en mortalidad y en enfermedades asociadas. Es decir, no es algo teórico. Aire limpio significa menos presión sobre el sistema sanitario y, sobre todo, más años de vida en mejores condiciones. Es de las intervenciones más efectivas que tenemos en salud pública”, concluye Adrián Alonso.
These materials were developed in 2026 for the Prebunking at Scale project, with support from the European Fact-Checking Standards Network (EFCSN)/ Estos materiales se elaboraron en 2026 para el proyecto Prebunking at Scale, con el apoyo de la European Fact-Checking Standards Network (EFCSN).
Fuentes
Declaraciones de Xavier Querol, profesor de Investigación del CSIC en el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA) del CSIC
Declaraciones de Adrián Alonso, investigador y responsable de Incidencia Política en Salud por Derecho
Organización Mundial de la Salud (OMS)
Directiva (UE) 2024/2881 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 23 de octubre de 2024, sobre la calidad del aire ambiente y una atmósfera más limpia en Europa
Guías de calidad del aire, publicado por la OMS en 2021
Institutos Nacionales de la Salud (NIH)
Artículo del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) sobre el vínculo entre demencia y contaminación
