En redes sociales circulan publicaciones que aseguran que los auriculares Bluetooth son perjudiciales para la salud. Según estas afirmaciones, la radiación que emiten estos dispositivos dañaría el cerebro y podría provocar cáncer en las personas que los utilizan.
Sin embargo, la evidencia científica actual descarta esa idea. La radiación que emiten los dispositivos Bluetooth —incluidos los auriculares— no tiene la intensidad suficiente para dañar el cerebro ni provocar cáncer. Lo mismo aplica con los teléfonos móviles, la conexión WiFi y otros dispositivos inalámbricos: todos emiten radiación a niveles muy bajos, lejos de considerarse peligrosos.
Así lo confirma a INFOVERITAS Alberto Nájera, director científico del Comité científico asesor en radiofrecuencias y salud (CCARS): “La evidencia científica es contundente: a los niveles habituales de exposición, no existe evidencia de que produzcan ningún efecto sobre la salud, ni el cerebro o tengan relación con el cáncer”.
Para empezar, ¿cómo funcionan los dispositivos Bluetooth?
Es conveniente señalar que existen numerosos dispositivos Bluetooth, como auriculares, relojes inteligentes, altavoces o los manos libres del coche. Todos utilizan radiación electromagnética de radiofrecuencia, que se encuentra entre las de menor energía en el espectro natural. De hecho, añade Nájera, la radiación infrarroja del mando de la tele o la luz visible que vemos con los ojos que también es radiación electromagnética, tienen energías mucho mayores y no provocan efectos por debajo de los límites establecidos.
Estos límites de seguridad, también aplicables a la radiación ultravioleta, los establece la Comisión Internacional sobre protección frente a radiaciones no ionizantes (ICNIRP, pos sus siglas en inglés), una agencia internacional independiente. Científicos independientes evalúan la evidencia para cada tipo de radiación y fijan valores de seguridad con un margen de precaución de entre 20 y 50 veces por debajo de los niveles que podrían causar efectos en la radiofrecuencia. En España, el Ministerio para la Transformación Digital regula estos límites a través de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales y el Real Decreto 1066/2001.
Los dispositivos Bluetooth emiten valores aún más bajos que un teléfono móvil, que necesita mayor potencia para llegar a una antena lejana. “Por eso, la conexión se pierde a pocos metros de un altavoz o auriculares: emiten poquísima potencia. Además, los fabricantes buscan maximizar la duración de las baterías, lo que les obliga a minimizar la intensidad de emisión, siendo ellos los primeros interesados en mantener estos valores lo más bajos posible”, añade el experto.
¿Y qué sucede con el microondas, la WIFI o el teléfono móvil?
Ni el móvil, ni los dispositivos Bluetooth ni la WiFi o los elementos conectados a la wifi, lo hacen a intensidades que puedan resultar ni de lejos, peligrosas. “El microondas, que emite a una frecuencia similar a la wifi 2G, emite muchísima más intensidad, por eso conseguimos calentar los alimentos, pero por eso está apantallado mediante una “jaula de Faraday” que impide que la radiación salga, por eso se para cuando abrimos la puerta y, en cuanto se abre, cesa la radiación, por lo que nada escapa. Podemos comprobar, incluso con el microondas que la capacidad de penetración de estas microondas es muy pequeña y muchas veces se nos calienta la superficie de la comida, mientras que el interior sigue frío”, explica el experto.
Esto no sucede con los móviles, los auriculares Bluetooth u otros dispositivos porque están trabajando a intensidades de entre 100.000 y 1.000.000 de veces menos. “Sería como circular por una autopista a 12 metros por hora”, ejemplifica.
¿Es mala la radiación?
Hay que tener en cuenta que en la naturaleza existen diferentes tipos de radiación electromagnética: el espectro electromagnético recoge todas ellas. “De menor energía a mayor energía tenemos: la radiofrecuencia donde estarían los dispositivos Bluetooth, infrarrojos, visible (la que vemos con los ojos), ultravioleta (hasta aquí no ionizante, incapaz de causar daños en el ADN), rayos X y rayos gamma (ambas ionizantes capaces de romper la materia a nivel atómico, pero se usan con seguridad también). ¿La luz visible o radiación visible es peligrosa? Pues depende de la intensidad. Si te pongo un flash continúo a altísima intensidad cerca de los ojos puedo provocarte desde una ceguera momentánea a una ceguera permanente”, expone Nájera. “De ahí que ICNIRP establezca valores de seguridad” agrega.
“El caso de los dispositivos Bluetooth con doble tranquilidad: la intensidad es extremadamente baja, se trata de radiaciones menos energéticas que la luz visible”, concluye.
¿Qué diferencia a la radiación ionizante de la no ionizante?
Las ondas electromagnéticas se clasifican en ionizantes y no ionizantes, según su capacidad para ionizar átomos, es decir, arrancar electrones de su estructura. Esto significa, explica el experto, que la radiación ionizante puede romper moléculas o cambiar las características químicas de los átomos y, en el caso del ADN, compuesto por moléculas, estas radiaciones pueden romperlo y causar daños genéticos o cáncer.
La tecnología Bluetooth utiliza radiación no ionizante. “Dependiendo del tipo de radiación no ionizante, se producen efectos diferentes: generalmente calor, pero a niveles elevados. Siempre que estemos por debajo de esos niveles, no hay efectos. La radiación infrarroja puede producir quemaduras (las antiguas vitrocerámicas eran lámparas infrarrojas) o la luz visible dejarte ciego. Los ultravioletas están a medio camino, aunque se consideran generalmente no ionizantes, tienen energía suficiente como para causar estragos en nuestras células de la piel”, agrega este experto.
Fuentes
Declaraciones de Alberto Nájera director científico del Comité científico asesor en radiofrecuencias y salud (CCARS)
Nota de prensa de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales sobre los niveles de exposición a emisiones radioeléctricas
Página web de la Comisión Internacional sobre protección frente a radiaciones no ionizantes (ICNIRP, pos sus siglas en inglés)
