“Lo voy a decir muy sencillo: una persona”. Así se define Pablo Pineda (1974), la primera persona con síndrome de Down de Europa en tener una carrera universitaria, conferenciante de la Fundación Adecco y ganador de la Concha de Plata en la categoría de mejor actor en el Festival de Cine de San Sebastián. “Es una gran definición porque al final todo eso está muy bien, son como pequeños envoltorios, pero lo importante es que soy una persona que tiene su vida y sus preocupaciones. Y después vienen todas esas palabras tan rimbombantes. Lo importante es ser persona y disfrutar de la vida”, cuenta Pablo, en conversación con INFOVERITAS.
De acuerdo con su perfil en la Fundación Adecco las personas afectadas por el síndrome de Down, “y con discapacidad intelectual en general, siguen siendo los grandes desconocidos en muchas de las esferas sociales”. Por ello, el mensaje que este malagueño quiere transmitir con sus conferencias a empresas es que las compañías “pueden amar lo que nunca les ha gustado: arriesgarse. Y también darse cuenta de que hay mucha gente que tiene talento, pero que nadie sabe que lo tiene, y que hay que apostar por ellos. Hay que apostar por la persona y por el talento, ahí es donde quiero llegar con las empresas, que vean que hay personas que a lo mejor tienen un talento enorme pero que se está desperdiciando. Míralo de frente, el talento que tiene, quita las etiquetas y los prejuicios, ábrete, arriésgate”.
Hablamos con Pablo sobre su historia, durante la cual sus padres han sido una figura fundamental, su experiencia en la universidad y en el cine y sobre la importancia de afrontar los cambios de la vida como vienen.
La experiencia en la universidad
Pablo Pineda es la primera persona con síndrome de Down en tener una carrera universitaria en Europa. Estudió Magisterio y Psicopedagogía en la Universidad de Málaga. No obstante, nunca ha ejercido su profesión como tal. Este pionero recuerda, en entrevista con INFOVERITAS, su experiencia durante esa etapa y comenta que “la parte burocrática fue complicada. Admitir a una persona con discapacidad en los años 90 no era fácil, no es como ahora. Había que luchar contracorriente”.
A pesar de ello, Pablo destaca la figura de un pedagogo, Miguel López Melero, “que ha sido una figura vital en el tema educativo y universitario, fue el que me introdujo en la universidad a base de dar la lata a las altas esferas. Eso es lo que ha hecho que haya pasado por la universidad”.
Este malagueño también habla de su experiencia con los otros estudiantes. “Ser el primero también influye un poco en el trato. A mi primer curso yo entraba con ganas, pensando que los chicos querían ser de otra pasta, pero no. Lo llamaba soledad acompañada, yo iba y venía de la universidad, pero no cuajaba en nadie, y existía esa relación de decir ‘vale, este es mi compañero, pero no quiero saber nada de él’”, explica Pablo.
“Un profesor decía que yo tenía que dar el primer paso, pero no, debían ser ellos. Esa lucha fue complicada, y no fue buena ni para ellos ni para mí. Puedo decir que estuve en la universidad, pero no formaba parte de la universidad”, concluye.
Profesor, pero de otra forma
Pineda no ha llegado a ejercer, como tal, de profesor. Asegura que ese es otro punto «sórdido» de la universidad. “Me dan el título y la orla, pero no ejerzo. Que se podría decir que vaya novedad, pero, en el caso de las personas con síndrome de Down y discapacidad, las cosas no son fáciles. No lo son por un tema de mentalidad, de aquella universidad de los 90 y primeros 2000, que no vio que podía ser profesor”. Y, continúa, “los padres de aquella época, y diría que hasta los de ahora… imagínate que su hijo tiene un profesor con síndrome de Down, ya la cosa se torcería. Y el propio profesorado, un compañero con síndrome de Down… como que le chirriaría”.
Para este pionero, esta problemática es un tema cultural, estructural, que “al final te deja fuera de tu profesión. Menos mal que en esa época llegó para mí la Fundación Adecco. Con ella, mi ocasión de ser maestro para niños cambió y llegué a las empresas. Ahí me reciclé, es bueno poder reciclarse. Pensé que, si no podía ser profesor para niños, por lo menos, y de otro modo, conciencio y doy clase a gente mayor, que no es tan fácil como los niños, y en esferas de poder como las grandes empresas. En cierto modo, puedo decir que ejerzo, pero de otra forma”.
Pablo insiste en que el mensaje que quiere transmitir a las empresas con sus charlas es el de arriesgarse y apostar por el talento desconocido. Con sus conferencias “ejerce” de profesor y enseña a que “hay que conservar y también arriesgarse, no hay que decir ‘con esto me quedo’, y nada más. Y abrirse un poco a la diversidad de la sociedad. La sociedad es muy diversa, que se abran a esa diversidad de talentos que hay, que hay muchos, y no salen”.
Un premio a una lucha de años
Pablo recibió la Concha de Plata al mejor actor por su papel en la película Yo, también (2009), que coprotagonizó con Lola Dueñas. El malagueño también recibió por su papel una nominación al Goya como mejor actor revelación. En el filme, interpretaba a un joven sevillano con síndrome de Down que, tras graduarse en la universidad (siendo el primero de Europa), comienza a trabajar en el sector público, donde conoce a una compañera de la que se enamora, según la ficha del largometraje en FilmAffinity.
Para Pineda, la Concha de Plata no fue solo un reconocimiento a la película como tal, “sino a todos los años de lucha que he vivido con mi familia. Ahí ya no entro solo yo, sino toda mi familia; mis padres, sobre todo, los dos ya han fallecido, pero han sido figuras cruciales en mi vida, y por ellos estoy donde estoy. Es un tributo a años de lucha, también de mis padres, en una época totalmente distinta a la actual, es como ese premio a ese optimismo que siempre he tenido y que siempre tengo, ese ir contracorriente y al final seguir avanzando, ese intentar romper prejuicios y barreras… Eso es lo que más me alegró y me emocionó, por el tributo a mi familia, a mis padres y a todos los que me han rodeado”.
Pablo destaca que los mensajes que le dieron sus padres y hermanos los ha cristalizado, luego, en una época distinta. “Hay que estar sujeto a los cambios, y, en mi caso, mis dos padres han fallecido; mi madre, recientemente, en 2022. Eso me ha espoleado a tomar decisiones difíciles, ahora mismo vivo solo en casa, y ya cambias de rol, soy independiente, y ahora toda la autonomía que mis padres me forjaron de niño la estoy cristalizando. Cómo afrontar la muerte de mi madre, que estábamos muy ligados, tener un perro al que hay que educar y sacar… Todo esto me ha servido mucho”, concluye.
“La vida es así de cambiante, muy bamboleante, y hay que saber adaptarse a los cambios. El mío ha sido muy brusco, pero me ha servido como lección, para adaptarme, porque ya no soy adolescente, ahora me toca a mí. Y lo estoy haciendo por mis padres, que me han dado todo ese bagaje, que ahora estoy utilizando yo. A veces la vida hay que tomarla como es, como un reto que hay que afrontar, no hay que acomodarse en lo que había, hay que adaptarse a la nueva sociedad, que es más diversa, más global”, destaca este malagueño.
La vida es un reto, y durante la suya, Pablo Pineda ha superado muchos que nos dejan una lección fundamental: hay que arriesgarse para descubrir todo lo bueno que guarda la gente. Pablo es pionero y una fuente de inspiración. Pablo es muchas cosas, pero, sobre todo, es “una persona que tiene su vida y sus preocupaciones”, que fuera de los “envoltorios”, de sus logros, disfruta de la vida.
Fuentes
Entrevista con Pablo Pineda