Skip to content

Es falso que existan tratamientos para ‘desvacunarse’

En distintos canales de mensajería se están difundiendo supuestos métodos para anular los efectos de las vacunas contra la COVID-19, entre ellos el dióxido de cloro. Sin embargo, ‘desvacunarse’ es imposible y los efectos de estos productos son peligrosos para la salud.

  El dióxido de cloro es uno de los supuestos métodos para revertir la vacunación contra la COVID-19. Foto: Adobe Stock.

20 de enero de 2022 Infoveritas

Se están difundiendo por diferentes canales de mensajería con miles de usuarios mensajes y vídeos que aseguran que deshacer el proceso de vacunación contra la COVID-19 es posible. Para conseguirlo, incitan a consumir ciertos productos que supuestamente anulan los efectos de las vacunas contra la COVID-19, en caso de que algún individuo se arrepienta de haber recibido la inoculación.

Entre los variados métodos que proponen destaca la ingesta de dióxido de cloro, un compuesto químico que los negacionistas de las vacunas ya vendieron como tratamiento milagroso para curar o prevenir la COVID-19 al inicio de la pandemia.

Sin embargo, desvacunarse es imposible y los efectos de consumir dióxido de cloro son muy peligrosos para la salud, ya que puede causar incluso la muerte.

No es posible ‘desvacunarse’ con dióxido de cloro ni mediante ningún otro método

El proceso de desvacunación es totalmente imposible, porque “las vacunas preparan al sistema inmunitario de una persona para que reconozca su enfermedad determinada y se defienda contra ella”, explican en la web oficial de la Unión Europea.  Es decir, no se ingiere ningún tratamiento que se pueda eliminar posteriormente.

Así, si un virus infecta a una persona, el sistema inmune lo detecta y generan dos tipos de respuesta, indica la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS): “por un lado, produce unas proteínas llamadas anticuerpos que se unen a las proteínas del virus para neutralizarlo y así evitar que pueda infectar a nuevas células; y por otro, estimula unas células denominadas citotóxicas, que tienen la capacidad de reconocer células infectadas por el virus y matarlas antes de que puedan liberar más virus en el organismo”. En el caso del COVID-19, esa proteína crítica es la proteína S, también conocida como spike o espícula.

La Unión Europea autorizó el uso de vacunas de ARN mensajero (Pfizer y Moderna), de vectores víricos (AstraZeneca y Janssen) y recientemente también se ha concedido la autorización condicional de comercialización (ACC) para la inyección Nuvaxovid. Este último tipo de vacunas contiene fragmentos de una proteína que es específica del virus en cantidades suficientes para que el sistema inmunitario reconozca que no deberían estar en el organismo y reaccione produciendo defensas.

Las vacunas de ARN mensajero “contienen las instrucciones para la producción de proteínas que desencadenen la respuesta inmune”, indican desde la AEMPS, mientras que las vacunas de vectores víricos utilizan virus modificados genéticamente para que no causen la enfermedad, transportando la información para la producción de proteínas que desencadenen la respuesta inmune.

El dióxido de cloro está prohibido como medicamento en España

El dióxido de cloro es un compuesto químico soluble que se utiliza como desinfectante en el tratamiento de agua potable por sus propiedades para destruir bacterias, virus y parásitos. Además, tiene otras aplicaciones industriales. Por ejemplo, como blanqueador.

Sin embargo, ninguna institución sanitaria lo reconoce como medicamento por sus graves consecuencias para la salud. Así lo advertía la AEMPS en una nota informativa en el 2010, a raíz de la comercialización a través de Internet de un producto denominado solución mineral milagrosa (MMS, por sus siglas en inglés de Miracle Mineral Solution), que consiste en una solución de clorito sódico.

De hecho, desde la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) señalaban que quienes consumen este tipo de producto están bebiendo lejía.

Un producto milagroso viejo conocido y peligroso para la salud

Antes de venderse como método para eliminar la vacuna de la COVID-19, el dióxido de cloro o el clorito de sodio se promocionó como tratamiento o la prevención de la infección por SARS-CoV-2. Sin embargo, el dióxido de cloro también se ha promocionado como un producto milagroso capaz de curar enfermedades como el cáncer o la malaria.

La AEMPS advierte de que no existe ninguna prueba científica que avale estas supuestas propiedades, y recuerda que estos productos no se han sometido a ningún tipo de evaluación o autorización por las autoridades competentes que garantice que la relación beneficio/riesgo sea positiva. De hecho, señalan que su ingesta supone un riesgo para la salud que, incluso, puede llegar a requerir hospitalización.

“Su consumo directo puede producir dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarrea, que pueden llevar a deshidratación, fallo renal, anuria, anemia hemolítica y metahemoglobinemia”, avisan desde el organismo.

Fuentes

Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS)

Comunicado de prensa de la Comisión Europea: La Comisión Europea autoriza una quinta vacuna segura y eficaz contra la COVID-19

Página oficial de la Unión Europea

Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos