Cúrcuma, brócoli, cardamomo. La despensa de los alimentos milagro contra el cáncer es un concepto recurrente en las redes sociales que favorece la cocción de falsos mitos sobre esta enfermedad. La idea de que determinados alimentos, como la cúrcuma, curan el cáncer, así como un amplio abanico de enfermedades- desde la infertilidad pasando por la diabetes hasta la alopecia- suena prometedora, pero no es cierta. “Es solo un mito sustentado en una mezcla de factores psicológicos y desinformación”, adelanta Emilia Gómez Pardo, asesora científica de la Fundación CRIS Contra el Cáncer.
“Los alimentos no tienen propiedades terapéuticas por sí solos para curar enfermedades, pero desempeñan un papel fundamental en la prevención y en la gestión de enfermedades crónicas”, explica Antonio J. Serrano Guirado, vocal del Colegio Profesional de Dietistas-Nutricionistas de Andalucía, Codinán.
Entonces, ¿por qué persisten mitos que presentan a la cúrcuma o al brócoli como supuestas curas contra el cáncer o cualquier otra enfermedad? En las siguientes líneas, explicamos por qué circulan estos falsos mitos que atribuyen propiedades anticancerígenas a algunos alimentos, centrándonos en el caso de la cúrcuma, la especia de moda sin beneficios demostrados contra esta enfermedad.
Las raíces del mito: estudios preclínicos malinterpretados, vulnerabilidad emocional y la difusión acrítica de la información
Los expertos coinciden que el mito de los superalimentos que curan o previenen el cáncer surge de la combinación de varios factores: estudios preclínicos malinterpretados, sesgos cognitivos, la vulnerabilidad emocional ante el diagnóstico y la difusión acrítica de información en medios y en redes sociales.
El cáncer es una enfermedad cada vez más prevalente. Según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), España alcanzará los 301.184 casos en 2026. Y a veces, a pesar de los avances, en función del tipo y de la etapa en la que ha sido detectado, de difícil de curación. Ante esa situación de vulnerabilidad, los pacientes y sus allegados guardan la esperanza de que la enfermedad tenga cura, lo que favorece la aceptación de narrativas (desinformativas) esperanzadoras. “El sesgo de confirmación, los testimonios personales y el efecto placebo refuerzan esas creencias”, puntualiza Antonio J Serrano. Otro motivo es la falta de cultura científica de la sociedad: una parte de la población todavía confunde aspectos de la prevención con una posible cura.
Además, influye la presencia de un sector comercial de productos pseudocientíficos que sabe aprovecharse de la vulnerabilidad de los pacientes oncológicos para obtener beneficios económicos. La industria de los suplementos explota esta demanda de productos milagro “en un contexto de regulación limitada”, recalca Serrano. Así para lucrarse, estas industrias proporcionan información sesgada sobre el producto omitiendo algunos datos que los dejan mal y resaltando y exagerando alguno de sus posibles beneficios.
Desde el punto de vista científico, muchos compuestos presentes en alimentos muestran efectos prometedores en estudios in vitro o en modelos animales. Sin embargo, “estos resultados no son extrapolables directamente a humanos debido a diferencias en la biodisponibilidad, el metabolismo, la complejidad del microentorno tumoral y la regulación fisiológica del organismo. “A pesar de ello, estos hallazgos generan titulares simplificados sin el contexto metodológico necesario”, señala Antonio J. Serrano Guirado, vocal de Codinán.
Y, por si todo esto fuera poco, se suma un nuevo problema cada vez más frecuente: la desinformación. “Noticias publicadas con fuentes poco fiables que respaldan opiniones de pseudoprofesionales que venden su método, las modas absurdas de las redes sociales o pacientes que buscan respuestas en internet o chats de inteligencia artificial”, indica el experto.
El caso de la cúrcuma, la especia de moda sin beneficios demostrados
Seguro que habrás encontrado en los últimos meses mensajes sobre las supuestas propiedades anticáncer de la cúrcuma, la especia viral de moda sin beneficios demostrados, que no falta en ningún menú. La cúrcuma contiene curcumioides, entre ellos la curcumia. Este compuesto ha mostrado efectos antinflamatorios y antitumorales potenciales, alimentando el relato de su poder anticáncer, pero esos estudios no se pueden extrapolar a seres humanos. José M. Romero-Márquez, profesor de fisiopatología en el grado en nutrición humana y dietética de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) explica que la evidencia en humanos es insuficiente, heterogénea y metodológicamente limitada.
“Existen ensayos clínicos en humanos, pero la mayoría son estudios em fase I o II, con muestras pequeñas, distintas formulaciones y resultados inconsistentes. Algunos resultados preliminares sugieren efectos en biomarcadores o en lesiones precancerosas, pero no se ha demostrado eficacia antitumoral clínica: supervivencia o reducción tumoral”, señala Antonio J. Serrano. En la misma línea, el National Cancer Institute concluye: “No hay suficiente evidencia para saber si los productos de curcumina sirven para prevenir o tratar el cáncer.”
De hecho, en este momento, ninguna agencia reguladora ha aprobado la cúrcuma o la curcumia como tratamiento oncológico. Es más, el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid (COFM) precisa lo siguiente: “Cabe destacar que la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no ha reconocido por ahora ninguna de las propiedades que se atribuyen a la cúrcuma.”
La cúrcuma nunca puede sustituir un tratamiento contra el cáncer
Los tres expertos consultados por INFOVERITAS son tajantes: “De ningún modo. La cúrcuma no puede sustituir a un tratamiento contra el cáncer, puesto que no hay ninguna evidencia científica que respalde su uso como tratamiento oncológico en humanos.” Mientras que los tratamientos convencionales (quimioterapia, radioterapia, cirugía o inmunoterapia) han demostrado su eficacia en ensayos clínicos de fase III con miles de pacientes y con resultados en variables clínicas relevantes como la supervivencia, “la curcumia no ha mostrado producir respuestas tumorales objetivas ni remisiones cuando se utiliza de forma aislada”, indica el vocal de Codinán.
Además, retrasar o sustituir un tratamiento oncológico validado por terapias alternativas se asocia a un peor pronóstico. “Sustituir un tratamiento médico por cúrcuma no solo carece de fundamento científico, sino que puede ser potencialmente peligroso e incluso letal”, agrega el experto.
¿Puede interferir la cúrcuma en los tratamientos contra el cáncer?
Sí, la cúrcuma, especialmente en forma de suplementos concentrados de curcumia, puede interferir en los tratamientos contra el cáncer debido a interacciones farmacológicas. En concreto, “la curcumia puede interferir con enzimas de citocromo P450”, explica el profesor José M. Romero-Márquez, lo que puede alterar el metabolismo de fármacos quimioterapéuticos como la ciclosfamida, medicamento que se emplea para tratar, entro otros tumores, el linfoma o la leucemia, o la doxorrubicina, otro tratamiento habitual que se utiliza en combinación con otros medicamentos para tratar determinados tipos de cáncer de vejiga urinaria, de seno, de pulmón, de estómago y de ovario; entre otros. La curcumia puede, además, “potenciar el efecto de anticoagulantes y antiagregantes”, puntualiza este experto, aumentando el riesgo de hemorragia o una posible intoxicidad hepática.
“Hay una diferencia importante entre usar cúrcuma como especia culinaria y tomar suplementos. La cúrcuma en la cocina suele considerarse segura; los extractos concentrados (suplementos) son otra historia y deben comentarse con el profesional adecuado”, insiste José M. Romero-Márquez, profesor de fisiopatología en el grado en nutrición humana y dietética de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).
Entonces, ¿hay algún alimento que proteja frente al cáncer?
El efecto protector de la alimentación se asocia a patrones dietéticos globales y de estilo de vida y el control de otros factores de riesgo, no a alimentos individuales. “No hablamos de la cúrcuma protege, el brócoli protege o el limón alcaliniza y cura. Hablamos de hábitos sostenidos en el tiempo, de seguir una dieta basada en cereales integrales, verduras, hortalizas, legumbres y frutas, limitando las carnes rojas y los productos procesados”, explica el profesor José M. Romero-Márquez.
Existe evidencia de protección asociada a la práctica regular de actividad física o la lactancia materna. Gestionar bien el estrés y descansar al menos 8 horas de sueño también se asocian, explica José M. Romero-Márquez, profesor de fisiopatología en el grado en nutrición humana y dietética de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), con un menor riesgo de cáncer y enfermedades.
Como indican los expertos, la verdadera prevención va más allá de nuestra despensa. Emilia Gómez Pardo explica que aproximadamente un tercio de las muertes por cáncer son evitables, al reducir o eliminar los principales factores de riesgo. De hecho, la comunidad científica coincide en una serie de medidas con sólido respaldo científico: evitar el tabaco en todas sus formas, protegerse adecuadamente del sol, cumplir con el calendario de vacunación, reducir la exposición a sustancias tóxicas y participar en los programas de cribado. Todas ellas contribuyen de manera significativa a disminuir el riesgo poblacional de cáncer.
A estas acciones se suma, a juicio de Emilia Gómez, la importancia de una educación rigurosa en salud y cáncer, el impulso de políticas públicas que promuevan hábitos alimentarios saludables y desincentiven el consumo de productos nocivos —como el alcohol o el tabaco—, así como la implementación de incentivos económicos que favorezcan elecciones más saludables.
Emilia Gómez Pardo, asesora científica de CRIS contra el Cáncer, también subraya la importancia de que la ciudadanía sepa identificar fuentes de información fiables. “Es fundamental que la sociedad conozca y recurra a instituciones de referencia, como el Ministerio de Salud, la Asociación Española contra el Cáncer o CRIS contra el Cáncer”, concluye.
These materials were developed in 2026 for the Prebunking at Scale project, with support from the European Fact-Checking Standards Network (EFCSN)/ Estos materiales se elaboraron en 2026 para el proyecto Prebunking at Scale, con el apoyo de la European Fact-Checking Standards Network (EFCSN).
Fuentes
José M. Romero-Márquez, profesor de fisiopatología en el grado en nutrición humana y dietética de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Antonio J. Serrano Guirado, vocal del Colegio Profesional de Dietistas-Nutricionistas de Andalucía, Codinán
Emilia Gómez Pardo, asesora científica de CRIS contra el Cáncer
Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM)
Definición de ciclosfamida y doxorrubicina en Medline Plus, la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos Página web del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid
